Para esta boda en una finca rodeada de olivos, planteamos un montaje que permitiera disfrutar del paisaje con la comodidad de un espacio cubierto. La propuesta debía integrarse en el entorno y ofrecer un ambiente acogedor para compartir cada momento de la celebración. Elegimos una carpa beduina de tonos claros, cuya forma orgánica y cubierta abierta hacia el exterior mantienen la conexión con el jardín y permiten aprovechar la luz natural durante el día.
La instalación se completa con una tarima de madera que aporta una superficie cómoda y uniforme en toda la zona del banquete. Bajo la cubierta, las mesas se distribuyen dejando pasos amplios para los invitados y el servicio, con una organización que favorece la conversación y facilita los desplazamientos. Junto al comedor, reservamos un espacio para el baile, de modo que la celebración pueda continuar en el mismo lugar sin necesidad de trasladar a los asistentes.
Las guirnaldas de luz cálida y los detalles vegetales acompañan el montaje sin restar protagonismo al paisaje. Al caer la tarde, la iluminación transforma el espacio y resalta las formas de la cubierta, creando una atmósfera más íntima para la cena y la fiesta. La combinación de materiales naturales, tejidos claros y una decoración sencilla da continuidad al conjunto y permite disfrutar de una celebración al aire libre desde los primeros encuentros hasta el último baile.
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